miércoles, 4 de abril de 2018

Melancolías de acuarela



Me dejé doler por la vida, una muerte a la vez.
Creía estar en calma pero solo era el simulacro de la nada.

Los sueños pintan lo que desdibuja el tiempo, 
los colores de la tristeza son testigos de cómo se descolora la luz de unos días oscuros;
y es que las acuarelas no alcanzan para hacerme notar en estas sombras.

Le pido prestado al paisaje nuevos tonos, nuevos matices, 
pero el solo tiene lluvia que no lava nada, porque nada tampoco hay.

Me dejé doler por la vida una grieta a la vez, 
queriendo restaurar lo de ayer, pero olvidé lo de hoy.

Hasta el cielo se ha quedado sin pinceles de tanto disimular el lienzo vacío, 
el mar también le negó su imaginación, 
y ya no tenemos formas, ya no tenemos nubes claras.

Y es que las acuarelas no alcanzan, aunque se tenga toda el agua de mis lágrimas,
porque no te logro inventar en este boceto de alma.

Me dejé doler por la vida, una herida a la vez, 
y no tenía más acuarelas para que te quedaras a sanar conmigo.

Noche de luciérnagas


Se encienden cómo si las lámparas de una grande ciudad se treparan entre las ramas de una doliente memoria.

Titilan, titilan y titilas invocando lo que dejó de ser, 
armando entre luces ayeres voraces. 

Los veo llevar mensajes en clave de luz, 
te miro hacer silencio cuando ya tu fuego posó el escándalo en mis cenizas.

Remontan días de cuando ser amada, hacía prender luciérnagas 
y la noche lo aplaudía.

Reviven existencias de un bosque en donde era la predilecta de un ángel que donaba sus alas, solo para que las cometas se alzaran y las canciones no lastimaran.

Y Siguen siendo esas gotas de alma que sangro, que incendian mi mente. 
¡Sí!, son mis recuerdos que no hacen más que un insomnio de luces; 
yo solo lo llamo: noche de luciérnagas.

lunes, 15 de enero de 2018

NIÑO AZUL

Niño azul,
niño cielo,
de profundidad oscura,
de mar en calma,

No te vayas, aún me queda primavera,
aún hay lágrimas nítidas,
aún me huyen las estrellas.

Niño lluvia,
niño agua de luna,
de noche marina,
de bosque de dunas,

Quédate, aún no beso
al hombre que quiere llorar,
al niño que no quiere crecer.

No te sueltes, son muchas las cometas ingratas,
no te aísles, son tantas las mareas en calma,
no huyas, son cantidades las alas perdidas,
no alces el vuelo, son infinitas las gaviotas no perdonadas.

Si te quedas, no me alejes,
si me alejas, no te quedes.
Porque mi azul no sabe decir adiós en la cercanía,

y menos abrazarte en la lejanía.

miércoles, 30 de agosto de 2017





Me di cuenta que caminaba descalza por el dolor que causa sobrevivir, evadiendo todo lo que se ha andado en este lugar; lugar que desangra un cielo rojo por ignorar el llanto de un mar de cicatrices, por atreverse a ponerle atención al ruido de una ultrajada ciudad, que no es más que la poca música que puede salir de una herida.

Y he recorrido la misma herida, una y otra vez, desde la profundidad de sus entrañas hasta la sangre desbordada en la orilla de este puerto, que solo espera que la llaga se cierre y la calma ancle.

Y es que he sido mi propia herida, y ella ha sido el lugar, el hogar, mi ventana, desde donde diviso las ruinas de mis recuerdos, el paisaje de lo vivido, las luces de mis miedos y los bosques de mi siguiente ilusión.

Aprendí a estar y a pertenecer a ella sin huir por sus bordes lacerados o por sus acantilados despiadados, porque duelen más los pies de huir que de recorrer el tormento por todas sus cordilleras, porque duele más cortar las raíces, que expandirlas por las calles solitarias del sufrir.

Y sí, en los callejones de una herida, de mi herida, aún hay casas vacías pidiendo perdón, pero bares repletos de culpas con luces de todos los colores, de todos los errores.

Ya no sé cuánto he caminado, solo sé que siempre tengo un puerto dónde tocar antes de irme, y que me conoce mejor que yo; mi herida, mi ciudad.

lunes, 29 de mayo de 2017


A TI, QUE AÚN LLORAS

Las alas del pájaro
en el agonizante cielo,
se deshojan como
ángeles caídos.

Le pido a la duda
que me deje quedar
que con la fragilidad
sí se sabe llorar.

La espera devasta,
la luna aletarga,
el abismo desgasta.

Pero la niña insiste, insiste e insiste
en salvar al viento,
y hace una escalera
con todo su miedo.

Subo ignorando que la sangre no vuela,
aunque se tenga alas de primavera.
Me tengo que ir,
quitarme de encima las ansias.

El aleteo se precipita,
el cielo lastima,
la mariposa se pulveriza...



Al fin se abre la jaula,
Y yo solo palpo, el asfalto.

miércoles, 17 de mayo de 2017



COBARDÍA

No puedes esconderte de tu propia piel
enfrentándote al papel,
porque sabes que la tinta te delata.

Hay lluvia en estas líneas,
hay letras en estas lágrimas,
hay lágrimas en esta lluvia,
hay letras en esta nada.

No puedes refugiarte en el miedo,
ocultándote como raíz y
huyendo como isla.

Hay algo en esta nada,
hay nada en este todo,
hay demasiado en esta vacío,
hay tanto en esta alma.

Los pájaros sueñan con sus alas abiertas
yo en cambio, solo veo plumas en el abismo de esta hoja
que solo escriben lo que no sé de vivir,
y riman lo que tanto sé de morir.

No se puede desaparecer detrás de una estrofa rota,
porque simplemente siempre te descubren

unas manos manchadas de tinta y de ansias lejanas. 

jueves, 15 de diciembre de 2016



PERMANECERÁS...

Permanecer, esa inmortalidad,
aunque la muerte te abra los brazos,
aunque el olvido se empeñe en ser tu destino,
aunque te lleves hasta el último espacio,
permanecer, esa presencia estando ausente.

Es seguir viviendo en eso que aún está
en lo que una vez fue
y siempre estará, para seguir siendo.
Esa eternidad en muertes efímeras,
en respiros cortos, pero que alargan la existencia.

Y es que al permanecer,
el tiempo se vuelve un arrebato de infinitos que no suelta,
pero que a su vez se convierte en las alas
de una inmensa libertad
que mueve latidos y te invita a quedar.

Y eso eres tú, lo que prevalece
cuando todo es nada,
cuando los abismos son el único hogar,
cuando la soledad rompe el reloj,
y la arena hace de mí, un árido desierto.

Tú, lo que permanece incluso después de mí,
incluso después de nosotros.