martes, 25 de junio de 2013

LA DAMA DEL REFLEJO.


Ella se pasea con sus pies descalzos noche y día, por el afán de la vida, atravesando veredas, peñas, praderas y montañas, con el viento como único acompañante de su misión.
Lo busca incansablemente, debajo de las piedras, en el perfume de la rosa marchita, en el rayo del sol recién levantado, en el canto del ruiseñor anunciante de la llegada armoniosa de la primavera, en las arrugas de los troncos que envejecen los colosales árboles, en todo el candor místico de la madre tierra.

El viento cómplice de aquella búsqueda incomprendida enreda sus cabellos desordenados en las ramas de los arbustos que decoran los senderos, deteniéndola, queriéndole decir con su violento soplo "Es imposible"; pero ella insiste en su infructuosa persecución, como aquel río caudaloso que se abre camino arrastrando sus obstáculos hasta llegar a su destino.

Cada noche la obstinada dama se pierde entre matorrales, allí donde nadie la ve, donde el viento se logra dispersar sin sentir sus pasos y su lúgubre pensar, allí donde la laguna seca y árida la espera todas las noches a la misma hora, justo cuando el amanecer se despereza de su sueño y abre sus ojos como cálidos rayos de luz. En ese sutil instante la doncella persistente se arrodilla frente a la laguna como deseando contarle un secreto, y de pronto inesperadamente de sus ojos de mar comienzan a brotar gotas de lágrimas por los recuerdos de aquel que ama y no está.







La laguna como brazos abiertos recibe amorosamente sus sollozos acumulándolos y almacenándolos, hasta hoy que después de tantas noches de llanto, esta se logra llenar. La aventurera amante por fin ve lo que tanto ha anhelado: el lamento de sus ojos y recuerdos  reunidos convencida que en ese reflejo lo encontrará, pero el desconcierto y la desilusión hacen su trabajo; lo único que se puede ver es el tonto reflejo del rostro inquietante de la dama testaruda que la mira como diciéndole "Tu fracaso es inminente", ella un poco anonadada, angustiada y enojada, sale huyendo entre los matorrales, dispuesta quizás a olvidar o a permanecer con la inconsciente ilusión de algún día volverlo a encontrar.



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