martes, 18 de febrero de 2014


AL PAPEL NO LE CABEN MÁS VERSOS.








El silencio de este día de lluvia, hace al papel más pequeño, pero a la tinta más abundante; se le desea gritar al papel, pero este parece sordo o se hace el sordo, frente a las gotas retumbantes que descaradamente golpean el cristal de la ventana, la cual, dibuja el reflejo de todo lo que se quiere expresar, pero a pesar de eso, la mano aún empuñada, no se atreve a dar rienda suelta a su sentir y prefiere mejor arrugar con rabia el papel.

De pronto la habitación se turba de un sonido fantasmal, no es más que la “nada” amenazando con tragarse las palabras, los vocablos, las letras, las frases y los versos que parecen estar encarcelados en una boca muda sin móviles labios que muerden y sangran deseos reprimidos, los cuales con fuerza intentan abrirse vuelo con sus alas mojadas.

Ha parado de llover, pero siguen mojadas las notas sonoras de la voz que se plasma en el poema; la tinta se pregunta hasta cuando el viento y el frío la secarán sin lograr ser valiente y atormentar la hoja que parece caer y flotar eternamente en el limbo del olvido, pero no halla respuesta en ese incómodo ambiente de calma.

Sale el sol y este seca y vuelve añicos la hoja que desvanecida hace un tapete de silencios en la mesa, la tinta también seca y los gritos apaciguados adornan el aposento del poeta, que por mucho que llore y lamente su dolor, las lágrimas son lágrimas; los sueños son  sueños  y las letras sólo son letras que se vuelven invisibles y mueren en el santo reposo del silencio, al lado del soñador poeta.



No hay comentarios:

Publicar un comentario