lunes, 31 de marzo de 2014

A(MAR)…



Hoy el mar suspiró un silencio,
un silencio que supo a tormenta,
a tormenta tierna pero violenta,
a tormenta enfadada pero calmada.

 Ese silencio me recordó
la mirada de tu mirada,
 que estuvo siempre sumida
en un mar de dudas saladas y cansadas.

Quise preguntarle a ese silencio
por tu cabello, por tu cuerpo
y  una ola espumosa me susurró,
“se fue con la humedad del sol.”

El mar comenzó a sollozar
y yo con mis lágrimas pretendía
 estancar su imparable caudal,
sin saber que en realidad,
era mi llanto el que quería consolar.

 Ahora sumergida en el mar,
escucho su silencio suspirar
y pienso en lo mucho que te pude amar
pero al tú huir al otro lado de mi mar,
preferí morir, y mis suspiros darlos al mar.

jueves, 13 de marzo de 2014



Pobre poeta que no logra palpar aquella piel;
ese vicio enfermo de soñar despierto con la suave desnudez
de aquellas manos que deseó moldear alguna vez
y que ahora no son más que espejismos efímeros de una musa de hiel.


Mientras las horas danzan sobre la oscuridad de su habitación,
el deseo de hacer el amor con el recuerdo de la musa de su inspiración,
se hace insoportable, así como la presencia de un papel en blanco,
que acosa y arde por ser acariciado con versos del corazón.


No resistiendo más las insinuaciones de la pluma entintada,
el poeta desviste su sentir, desnuda toda su reprimida alma,
y al escribir pareciera que deseara al papel,
pero realmente a quien desea, es a ella,  a su musa de porcelana.


Cada estrofa, cada letra, es un beso que desahoga su placer,
al pensar que logran de algún modo, rozar la intimidad de la piel
de aquella mujer que una primavera lo hizo florecer,
y ahora le deja un invierno helado, en su incompleto ser.


 Aún excitado y cansado,
nuestro poeta deja de derramar su humedad en la hoja,
y ahora su mano queda sudorosa,
como el amante después de un erótico trajín.
De sus mejillas brotan lágrimas que lo hacen reaccionar.


Dirige su mirada hacia su cama y la ve vacía y ordenada,
en su mente sólo pasan las ansias de recrear lo que escribió,
pero sólo son letras que se las llevó la ausencia,
de un abrazo que terminó en un áspero adiós.


Pero a pesar de eso, el poeta cada noche de soledad,
toma la pluma y el papel,
plasma y dibuja en él, ardientes versos,
imaginando a su musa desnudar su intimidad,
y recreando su regreso a sus desolados brazos.