domingo, 19 de octubre de 2014







Sonrojada entre tanto pudor, entre tanta mudez sensual, entre tanto vacío de placer, llegas tú, abarcando mis orgasmos en suaves sonrisas, recogiendo mi humedad, por donde nadie nunca navegó y si lo hizo, fue para pisotear mis escarpadas dunas de áridos deseos, pero tú, viéndome envuelta entre tanta piel desgastada por nulas caricias, me penetras con tu alma excitada que haciéndome el amor, desordena mis sentidos y ¡qué bonito! es ser mujer, mientras la niña de mi interior goza entre gemidos lo delirante que es colisionar con tus ardientes labios, liberando espacios donde antes habitaban las sombras de mis miedos y hoy en cambio, logran amarte a medida que tus brazos encadenan mis besos y desentierran del abismo mis alas, mi vuelo, que huele a manos entrelazadas, a cielo de tormenta pero a tormenta de erotismo, en donde tú me llueves como canción y te rompes como placentero silencio, mientras recorro sedienta de ti, tus muslos que son el hogar de mi intimidad tan desnuda de tranquilidad  pero que se vuelve un delicioso caos cuando de sentirte se trata.


Porque me has enseñado y he aprendido por tu desnudo amor a conocer los reflejos de mi carne que se fusionan con los de tu alma y hacen de cada abrazo un despilfarro de sentires hacíendome olvidar que una vez fui, latido sin sabor, orgasmo sin gemido y sexo sin amor.