miércoles, 4 de noviembre de 2015



Silencio...

Desordené todas mis letras, todos mis sonidos y seguía siendo el silencio, quien sin decirme nada, me permitía escucharlo todo.

Con él conocí dolores propios que sentía ajenos, como esos rebosantes latidos que hacen que el corazón tome forma de vida y que recorren cada poro de mi coraza, que no es tan dura una vez se calla el orgullo y se apaciguan los gritos de un desesperado ritmo de sobrevivencia.

A veces es bueno hacer del ruido un caos, donde solo quede reblujar la calma, esculcar el silencio, para que la soledad de estar contigo misma se vuelva una conversación con las heridas que no paran de desangrar piel, y a las cuales se les cuente en silencio lo importantes que son para cada ilusión del "volver a empezar".




Hoy lo volví a ver de nuevo,
su hermosa sonrisa,
me hacía sentir como en un sueño,
y mi mundo se tornaba completo.

Hoy lo volví a escuchar de nuevo,
y el eco de su dulce voz,
resonaba una y otras vez en mi interior,
haciéndome olvidar que existe el dolor.

Hoy lo volví a sentir de nuevo,
y su fresca y suave piel,
me hacía tocar su cielo,
olvidando todo mi miedo.

Hoy lo volví a respirar de nuevo,
pero en un rápido momento,
me di cuenta que a pesar de lo que siento,
la amistad es su único sentimiento.


miércoles, 16 de septiembre de 2015


ME CAÍ DE LA LUNA...


Y me bajé a tiempo, eso me dijeron mis pies cuando los golpeé con la realidad. Y es que estar allá arriba, me hacía olvidar lo descalza que estaba, al no aterrizar como hecho, pero sí caer como ilusión.

Pensé mucho en tirarme, pero la comodidad de ignorar el abismo me hacía sonreírle a la apariencia de volar, cuando en realidad solo me suspendía en el limbo de una tímida voluntad.

Me fascinaba acurrucar mis alas en su falso aleteo y creer que cambiaba vacíos por cielos, porque ambos me exigían ocupar un espacio, aunque fuera para acomodar los columpios donde mecía y refugiaba mis lágrimas.

Descendí de sus cráteres como liberándome de sus pieles, lloré al desnudarme y nunca me dolió tanto reparar las heridas, porque arriba sentía que dolía, que era herida de alguna luz.

Me bajé de la luna y era como si una estrella se descalzara para mostrarme el camino o un cometa hubiera tomado el impulso de caerse del columpio y besara el suelo con sus sonrisa de llanto.

Me caí, pero era volver de mí, como si partiera desde mis olvidos hasta llegar a donde una vez me reconocí como mi hogar; la piel de mis suelos.

martes, 8 de septiembre de 2015




También te llamé refugio, y aunque tus murallas me abrazaron, jamás disfrute tanto de mis jaulas. Porque me encerraste en mí y supe que amarme entre los barrotes de mis defectos podía hacer brotar las más hermosas alas.

Y es que volar en mí, me hizo despejar un cielo para los dos y coger entre mis ojos las formas de aquellas nubes que imaginé y exprimirles la libertad que tú te empeñas en colgar sobre el peso de las caídas que se alivianan ya. Porque sé que al final, aterrizar, se volverá el comenzar de un camino donde tus piedras no quiero quitar.

Porque si me tropiezo contigo, el cielo se muda bajo mis pies y levantarme se vuelve el levitar de las raíces que sostienen mis talones, para producir el milagro, ese, ese milagro de abrir las valentías y verte a mi lado sin olvidarme de mis alas, porque me sostienes en mí y entiendo que debo ser mi propio viento que alce la cometa y eleve la sonrisa de esa niña que mira hacia arriba para verse estrenarse en vuelo.

También te llamé escondite, aunque me encontré cuando te busqué en mis palpitares que se escondían hasta de mi propio sentir. Pero te llamé y viniste y contigo vine yo, para entender que encontrarme era encontrar mi refugio, mi escondite, en un silencio más sencillo; encontrarte a ti.





Se me hace mentira hasta la realidad  
y mis lluvias cansadas
también quieren columpiarse sobre la verdad.

Ya no tengo lágrimas donde más caer,
ni batallas que librar,
porque todo lo que he perdido
me acompaña en la soledad de lo ganado.

Solía acomodarme entre mi caos,
y ahora es como si me quedara pequeña la vida,
y no me alcanzara para llenarme los brazos de sonrisas.

Y tú estás ahí, es verdad; mi verdad,
pero me parece mentira que desde tan lejos
puedas tocar las profundas fibras de mi disimulo
el cual trata de fingir que me es posible nuestros tiempos acercar.

Me duelen las ganas de sonreír,
pero más me arden los deseos de acurrucarte entre mis hechos
y no poder ver el fuego, pero sí las cenizas
de un puente que quizás nunca podremos cruzar.

domingo, 7 de junio de 2015

ORGASMOS REMENDADOS

PORQUE EN TODAS MIS VECES SIEMPRE FUISTE MI PRIMER VEZ; ÚNICA



Ese nudo en la garganta que  hace amarrarme a un abrazo, a mi abrazo descosido por unas manos que no hacen más que soltar lo que con fuerza aprietan mis dientes cuando ya no puedo respirar, ese nudo, aún me aferra a unos labios sin orgasmos que mojar.

Porque intento abrirme completa desde el cosquilleo en mi vientre hasta la calma de unas piernas cerradas que lo único que evitan es ser  lastimadas por  aquellos orgasmos que parecen heridas abiertas queriendo latir sus angustias; porque en mi lujuria de tanto escribir también remiendo esos orgasmos, a los cuales me cuesta sacarlos de  las jaulas de mis temores.

Y ahora, las risas de esos gemidos mudos que escuchan a la niña siendo mujer  y a la mujer  siendo el bastón de unos sueños cojos que entre sábanas cocieron redes donde enredada está la realidad, se extinguen, con cada palpitación que causa el no llorar de placer.

Y es que hoy pretendo desentonar los silencios de mis orgasmos que tanto sonaron cuando al romperse me pronunciaban su nombre y el mío dejaba de identificarme al sentir que en su boca no me encontraba como música.


Y es que tal vez hoy pretenda armarme los fragmentos que casan en tu rompecabezas para que entera, abierta y completa pueda enfrentar mejor mis húmedas grietas, que solo añoran ser orgasmos remendados en tu hogar de piel.

martes, 21 de abril de 2015






Tengo una máscara ciega, para que mis ojos se acostumbren a la oscuridad de mis corazas,
tengo raíces sin árboles, para que soltarme, me permita recoger mis frutos,
tengo un violín roto, queriendo que lo toquen unas heridas manos,
tengo un mundo esperando a ser semilla para que mis alas la dispersen y el cielo abone mis caídas,
tengo un paisaje que quiere librarse del marco de mis ventanas y descubrir que hay del otro lado de mis desastres,
tengo un lienzo que desea dibujarme en los colores de un abrazo,
tengo un florero que quiso marchitar las espinas que no le dan tregua a mis pétalos,
tengo unas mariposas que revolotean en mis silencios, haciéndole huelga a todas mis pieles, 
tengo un sol que me hace invierno y un mar que alimenta mi música.

Porque más vale con las manos vacías, pero el alma repleta, 
porque más vale tenerme sin nada, que no tenerme con todo,
porque más vale llenarme de dolor los latidos que tener un hueco por corazón,
porque más vale vaciarme las manos para alcanzarme y atrapar lo que soy, y no lo que no tengo.










miércoles, 25 de marzo de 2015



ATARDECER.


En este atardecer que no es más que el desacelerado bostezo de la noche, donde el viento sopla palabras robadas de hojas murmurantes pertenecientes a aquellos árboles que parecen cantarme un libro de hojas guardadas en un baúl y me recitan promesas aún no salivadas por un cielo que solo anhela llover, ¡yo!, me adentro en mis laberintos que me hacen delatar los silencios.

En el naranja de las nubes, los suspiros se vuelven verbo y toman movimiento en este paralítico silencio, donde quiero entender que aún tengo sueños, cobardías por enfrentar y valentías por descubrir.

Y me sostengo en el aterrizaje forzoso de este atardecer, en el cual volar ya no genera esa emoción y donde caer puede ser la mejor opción, aunque chapuceo en mis pasos como queriendo agitar las ganas que no logran alzar el vuelo.

Ahora es el sol cabizbajo que me mira de reojo como acusándome porque el día terminó y la noche comenzó; me señala juzgándome del porque sigo enmarcada en la ventana de mis intentos y me pregunta con su adiós insistente: ¿Es suficiente la oscuridad para volver a sucederte, a mirarte, a enfrentarte, a vencerte, o necesitas de un nuevo atardecer?

lunes, 16 de febrero de 2015


Quiero escribir...
qué poseo un silencio,
que me remuerde el adentro
y desangra los "te quieros".




No quiero escribir,
quiero que me duela la piel
de tanto anhelar ser,
aunque lo único que se es
es lo que un día se fue...



Quiero escribir en esta oscuridad
el embeleso de mis versos,
que son solo el pretexto 
para estancar heridas de mis besos.



No quiero escribir...
y verme borrada en las letras de un papel,
quiero encarnar la rabia 
que me estruja la sed
de desear ver lo que siempre
a mi mirada negué.



Quiero escribir
y hacer callar las estrellas,
que no son más que poesía muerta
en la noche enlutada que espera tras mi puerta.



No quiero escribir,
ni enterrarme bajo una aletargada tinta,
prefiero exigirle a la vida
que yo sea mi historia favorita.


Quiero escribir
y no quiero escribir,
quiero escribir
y no quiero escribir.
Qué lo único que quiero 
es poder vivir sintiendo
sentir doliendo,
doler amando,
amar renaciendo,
renacer escribiendo.