miércoles, 16 de septiembre de 2015


ME CAÍ DE LA LUNA...


Y me bajé a tiempo, eso me dijeron mis pies cuando los golpeé con la realidad. Y es que estar allá arriba, me hacía olvidar lo descalza que estaba, al no aterrizar como hecho, pero sí caer como ilusión.

Pensé mucho en tirarme, pero la comodidad de ignorar el abismo me hacía sonreírle a la apariencia de volar, cuando en realidad solo me suspendía en el limbo de una tímida voluntad.

Me fascinaba acurrucar mis alas en su falso aleteo y creer que cambiaba vacíos por cielos, porque ambos me exigían ocupar un espacio, aunque fuera para acomodar los columpios donde mecía y refugiaba mis lágrimas.

Descendí de sus cráteres como liberándome de sus pieles, lloré al desnudarme y nunca me dolió tanto reparar las heridas, porque arriba sentía que dolía, que era herida de alguna luz.

Me bajé de la luna y era como si una estrella se descalzara para mostrarme el camino o un cometa hubiera tomado el impulso de caerse del columpio y besara el suelo con sus sonrisa de llanto.

Me caí, pero era volver de mí, como si partiera desde mis olvidos hasta llegar a donde una vez me reconocí como mi hogar; la piel de mis suelos.

martes, 8 de septiembre de 2015




También te llamé refugio, y aunque tus murallas me abrazaron, jamás disfrute tanto de mis jaulas. Porque me encerraste en mí y supe que amarme entre los barrotes de mis defectos podía hacer brotar las más hermosas alas.

Y es que volar en mí, me hizo despejar un cielo para los dos y coger entre mis ojos las formas de aquellas nubes que imaginé y exprimirles la libertad que tú te empeñas en colgar sobre el peso de las caídas que se alivianan ya. Porque sé que al final, aterrizar, se volverá el comenzar de un camino donde tus piedras no quiero quitar.

Porque si me tropiezo contigo, el cielo se muda bajo mis pies y levantarme se vuelve el levitar de las raíces que sostienen mis talones, para producir el milagro, ese, ese milagro de abrir las valentías y verte a mi lado sin olvidarme de mis alas, porque me sostienes en mí y entiendo que debo ser mi propio viento que alce la cometa y eleve la sonrisa de esa niña que mira hacia arriba para verse estrenarse en vuelo.

También te llamé escondite, aunque me encontré cuando te busqué en mis palpitares que se escondían hasta de mi propio sentir. Pero te llamé y viniste y contigo vine yo, para entender que encontrarme era encontrar mi refugio, mi escondite, en un silencio más sencillo; encontrarte a ti.





Se me hace mentira hasta la realidad  
y mis lluvias cansadas
también quieren columpiarse sobre la verdad.

Ya no tengo lágrimas donde más caer,
ni batallas que librar,
porque todo lo que he perdido
me acompaña en la soledad de lo ganado.

Solía acomodarme entre mi caos,
y ahora es como si me quedara pequeña la vida,
y no me alcanzara para llenarme los brazos de sonrisas.

Y tú estás ahí, es verdad; mi verdad,
pero me parece mentira que desde tan lejos
puedas tocar las profundas fibras de mi disimulo
el cual trata de fingir que me es posible nuestros tiempos acercar.

Me duelen las ganas de sonreír,
pero más me arden los deseos de acurrucarte entre mis hechos
y no poder ver el fuego, pero sí las cenizas
de un puente que quizás nunca podremos cruzar.