jueves, 15 de diciembre de 2016



PERMANECERÁS...

Permanecer, esa inmortalidad,
aunque la muerte te abra los brazos,
aunque el olvido se empeñe en ser tu destino,
aunque te lleves hasta el último espacio,
permanecer, esa presencia estando ausente.

Es seguir viviendo en eso que aún está
en lo que una vez fue
y siempre estará, para seguir siendo.
Esa eternidad en muertes efímeras,
en respiros cortos, pero que alargan la existencia.

Y es que al permanecer,
el tiempo se vuelve un arrebato de infinitos que no suelta,
pero que a su vez se convierte en las alas
de una inmensa libertad
que mueve latidos y te invita a quedar.

Y eso eres tú, lo que prevalece
cuando todo es nada,
cuando los abismos son el único hogar,
cuando la soledad rompe el reloj,
y la arena hace de mí, un árido desierto.

Tú, lo que permanece incluso después de mí,
incluso después de nosotros.


Mi Dolor.

Vas dejando la primavera en desierto,
atreviéndote a desgarrar el sendero
con tus pasos hacia atrás,
pero aun así, mi alma quiere amar.


Saludas con un adiós entrecortado por el silencio,
con la voz muda que aprisiona las alas,
haciéndome caer en el desprecio
de una soledad que se acomoda en manos desoladas.


Y es que tu presencia hace ver
las calles más desleales,
las paredes más cansadas,
las ventanas más distantes.


Pretendes abrazar mis grietas,
desbordando pasadas conciencias.
Intentas remendar un cielo,
derramando en el espejo miedo.


Lo más cruel es, que puedo sobrevivir contigo.
Sentirte en el aire
aunque respire paisajes,
aunque abrace oleajes.



Porque me has tocado, palpado,
me has abrigado de pasado
desde mis oscuridades,
hasta mis verdades.


Has sido timón que conduce la perdida ola,
el farol que muestra el callejón sin salida,
la cicatriz que siempre desgarra la costra,
la sangre que inunda la herida.


Eres el amigo que nunca da la mano,
el confidente sin secretos,
recordando que hay un verano,
pero solo quizá, en un futuro lejano.


¡Mi Dolor, mi dulce Dolor!
Soy solo una rosa desnuda de espinas,
inconforme con la hoguera de cenizas
qué no revierte este ardor en un cálido amor.


Nunca me dejarás, mi Dolor,
¡nunca te dejaré, mi Dolor!,
Porque serás el escudo y la espada
que me haga enfrentar esa caricia amarga.


jueves, 6 de octubre de 2016




Un silencio contigo


Un silencio contigo
de la calma de tus labios, alivio.
Danza un desasosiego incauto
por la mudez de tu abrazo.
Nunca decimos lo que nos mata,
pero se vive lo que se calla.
Estando tan cerca y no lo gritamos,
estando tan lejos y lo murmuramos… al cielo.
Pasamos cada tiempo abrochando candados,
liberando las alas de un mutismo cansado,
como si guardar el secreto,
no pesara tanto.
Y si nunca me lo dices,
cruzaremos el abismo de los labios,
no importa caer
si al tocar fondo se delate
un cobarde “te amo”
o un extraviado “te quiero”,
no importa asumir el precipicio,
si otra vez se palpa la sórdida voz
de este placentero silencio, contigo.

lunes, 26 de septiembre de 2016




¿AMISTAD O SOMBRA?

¿Amistad?
La conocí abrazando mis brazos desconsolados,
acariciando el reflejo del espejo empañado
por las lágrimas de mi amiga soledad.
¿Y me preguntas por la amistad?
Cuando me abrí completa la jaula
para que mis pájaros hicieran sentir libertad,
pero solo les cortaron las alas con la indiferencia.
¿Y me hablas de amistad?
Con la cuál sientes tus manos llenas,
pero no es más que tanto vacío.
Porque, como el agua que se escurre entre los dedos,
no se pueden atrapar las vivencias que en algún instante
pensaste que eran tu inmortalidad.
¿Pero, insistes en la amistad?
No, tal vez era un esbozo de esa sonrisa
que siempre quisiste hacer tuya
pero que solo se sostiene en el rostro ajeno de tu sombra,
sombra tan ajena que nunca la llegas a conocer,
simplemente porque la sombra no tiene cara;
es una nada en forma de oscuridad
coleccionando aquellos miedos
enjaulados en la soledad.
Y ahora te pregunto yo…
¿Y te has podido desprender, alguna vez, de tu sombra?
¿Verdad qué no…?

¡Y claro qué no!, no era amistad, 
solo era mi sombra.


lunes, 29 de agosto de 2016


A SUS NEGROS CABELLOS...


Quise salir a buscarte,
para encontrarme a mí,
para sentir dónde me dejaste,
para saborear donde me quedé sin ti.

Miré hacia todos los árboles,
hacia todos los troncos torcidos,
pero solo enfocaba nidos caídos,
anclados a la raíz de tus olvidos,

porque ver desde aquí abajo, el cielo
es mucho más bello
por lo inalcanzable, por lo lejos,
como lo están de mí, tus negros cabellos.

Busqué en el prisma del sol,
las miradas de tus lentes,
que sin mucho dolor,
dijeron adiós a mi presente.

Te busqué, te busqué y te busqué,
y al fin te encontré,
en el limbo de lo platónico,
en el recuerdo de un adiós anónimo.

jueves, 28 de julio de 2016






Ayer me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero en ninguno de tus tiempos se conjuga mi verbo,
en ningún tiempo existo.



Porque no se puede reencarnar en un pensamiento,
no se puede respirar de un olvido,
aunque creería, que se puede sobrevivir de un recuerdo.



A mí me ha tocado subsistir.
De esos que te arrancan heridas,
pero más, de los que te clavan el puñal de su melancolía en la sonrisa.



Ayer me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero sigo sin ser de ti.
Sigo sin ser esencia en ti.



Porque el pensamiento se pulveriza con el verdadero sentir, con la real acción.
El olvido lo desintegra el tiempo,
pero el recuerdo, aunque fugaz, sigue sacando sangre, incluso de donde no hay más piel.




martes, 12 de julio de 2016



Somos almas patéticas queriendo restregar 
nuestras miserias en la memoria.

Mientras recuerdo, recuerdo y recuerdo
lo que ayer fui y lo que soy ahora,
no logro descifrar lo que seré mañana,
por más que intente brillar el espejo
con mis expectantes miradas.

Cada recuerdo al pasado me insiste en olvidar mi futuro,
y no tengo otro camino que reabrir el álbum de mi presente
 para que la historieta no encuentre su punto final,
y me narre sus puntos suspensivos.

Somos almas patéticas queriendo encajar 
las ruinas del pasado en la jaula de los olvidos.

Porque recordar es otra forma de olvidar, 
lo que en este momento se es,
añorando lo que nunca se pudo ser.

Porque recordar sin un ayer 
y sin un mañana, es vivir el hoy,
aunque el mañana sea morir y el ayer sea olvidar.

domingo, 15 de mayo de 2016



Pensaba que destapar todos mis colores, hasta gastarlos
y que no quedaran ni siquiera aquellos grises 
que disfrutaban bordear mi sombra, era vivir.

Creía que soltar mi risa como se descuelga el ancla de un barco
y tocar tierra, palpar firmeza y frenar pudores para alcanzar
el puerto de una felicidad movediza, era vivir.

Me equivocaba cuando exprimía mi última gota de afán
al concluir la más larga batalla de enfrentarme al espejo cada mañana y sobrevivir. Me equivocaba, porque no era suficiente.

Suficiente es querer morir como muere la noche 
para darle cabida al amanecer.
Suficiente es querer morir como muere la lluvia
para abrirle los ojos al cielo y mostrarle su sonrisa despejada.

Porque no hay mejor manera de vivir que muriendo,
porque de algo hay que vivir y es de morir.

Como cuando se me llenan los ojos de heridas
y quiero vaciarlos sobre mi melancolía.
La tristeza es vivir.

Como cuando se me alejan unas manos
y me encuentro desnuda de abrazos.
La soledad de estar solo conmigo, es vivir.

Como cuando hallo la ingratitud reblujando mi fe
y ya creer se vuelve la niebla que quiero ignorar.
El dolor es vivir.

Porque cada muerte que elijo desde mis laberintos, es vivir,
no solo desde las carcajadas pasajeras, 
sino también desde las cicatrices perpetuas.

miércoles, 20 de enero de 2016

PAREDES VACÍAS.

Aquí se ensordecen las voces de una niña que apenas ayer jugaba a ser feliz; revotan en el espejo, rompiendo la inocencia y armando el rostro del tiempo.

En estas paredes se quedaron danzando los secretos olor a muñecas de trapo; columpiando lágrimas sabor a vestidos de tul y lloviendo deseos color a trenzas enredadas.

Aquí, siempre me iba de mí sin necesidad de  mover un solo pie descalzo, los cuales sentían el frío de cada baldosa como el riego a mis raíces que en un instante hacía florecer las risas colgadas en el marco de mi ventana.

Pero esa, mi guarida, mi habitación, a veces extiende sus brazos para vaciarse de mí, recordándome quizás, que esta vez, debo dejar estas paredes vacías que sin dolor ya no se sostendrán más.

Y tal vez me vaya, y tal vez llene otro espacio y al fin me pueda encontrar en otro hogar, pero siempre mi memoria será el baúl donde guarde ese olor a cuentos frescos; ese sabor a miedos risueños y ese color a infancia desolada.