jueves, 28 de julio de 2016






Ayer me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero en ninguno de tus tiempos se conjuga mi verbo,
en ningún tiempo existo.



Porque no se puede reencarnar en un pensamiento,
no se puede respirar de un olvido,
aunque creería, que se puede sobrevivir de un recuerdo.



A mí me ha tocado subsistir.
De esos que te arrancan heridas,
pero más, de los que te clavan el puñal de su melancolía en la sonrisa.



Ayer me pensaste, hoy me olvidas y mañana, quizás me recuerdes.
Pero sigo sin ser de ti.
Sigo sin ser esencia en ti.



Porque el pensamiento se pulveriza con el verdadero sentir, con la real acción.
El olvido lo desintegra el tiempo,
pero el recuerdo, aunque fugaz, sigue sacando sangre, incluso de donde no hay más piel.




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