miércoles, 30 de agosto de 2017





Me di cuenta que caminaba descalza por el dolor que causa sobrevivir, evadiendo todo lo que se ha andado en este lugar; lugar que desangra un cielo rojo por ignorar el llanto de un mar de cicatrices, por atreverse a ponerle atención al ruido de una ultrajada ciudad, que no es más que la poca música que puede salir de una herida.

Y he recorrido la misma herida, una y otra vez, desde la profundidad de sus entrañas hasta la sangre desbordada en la orilla de este puerto, que solo espera que la llaga se cierre y la calma ancle.

Y es que he sido mi propia herida, y ella ha sido el lugar, el hogar, mi ventana, desde donde diviso las ruinas de mis recuerdos, el paisaje de lo vivido, las luces de mis miedos y los bosques de mi siguiente ilusión.

Aprendí a estar y a pertenecer a ella sin huir por sus bordes lacerados o por sus acantilados despiadados, porque duelen más los pies de huir que de recorrer el tormento por todas sus cordilleras, porque duele más cortar las raíces, que expandirlas por las calles solitarias del sufrir.

Y sí, en los callejones de una herida, de mi herida, aún hay casas vacías pidiendo perdón, pero bares repletos de culpas con luces de todos los colores, de todos los errores.

Ya no sé cuánto he caminado, solo sé que siempre tengo un puerto dónde tocar antes de irme, y que me conoce mejor que yo; mi herida, mi ciudad.

lunes, 29 de mayo de 2017


A TI, QUE AÚN LLORAS

Las alas del pájaro
en el agonizante cielo,
se deshojan como
ángeles caídos.

Le pido a la duda
que me deje quedar
que con la fragilidad
sí se sabe llorar.

La espera devasta,
la luna aletarga,
el abismo desgasta.

Pero la niña insiste, insiste e insiste
en salvar al viento,
y hace una escalera
con todo su miedo.

Subo ignorando que la sangre no vuela,
aunque se tenga alas de primavera.
Me tengo que ir,
quitarme de encima las ansias.

El aleteo se precipita,
el cielo lastima,
la mariposa se pulveriza...



Al fin se abre la jaula,
Y yo solo palpo, el asfalto.

miércoles, 17 de mayo de 2017



COBARDÍA

No puedes esconderte de tu propia piel
enfrentándote al papel,
porque sabes que la tinta te delata.

Hay lluvia en estas líneas,
hay letras en estas lágrimas,
hay lágrimas en esta lluvia,
hay letras en esta nada.

No puedes refugiarte en el miedo,
ocultándote como raíz y
huyendo como isla.

Hay algo en esta nada,
hay nada en este todo,
hay demasiado en esta vacío,
hay tanto en esta alma.

Los pájaros sueñan con sus alas abiertas
yo en cambio, solo veo plumas en el abismo de esta hoja
que solo escriben lo que no sé de vivir,
y riman lo que tanto sé de morir.

No se puede desaparecer detrás de una estrofa rota,
porque simplemente siempre te descubren

unas manos manchadas de tinta y de ansias lejanas.